03:15 a.m Mario salta del sueño a su cama, esta vez ha tenido uno verdaderamente extraño. Escuchaba la voz del Horáculo repitiendo incesantemente lo que parecía ser el nombre de una persona, Helena. Y de repente, ante sus ojos se apareció una extraña y desconocida figura.
El cabello rubio, largo y rizado, caía sobre los hombros desnudos. El rostro, de suavizado contorno, se tornaba ligeramente sonrojado en las mejillas. Las ojos, de un claro y brillante azul, rubricados en su contorno superior por unas finas y estilizadas cejas del mismo color que el cabello. Los labios, rosados y carnosos, con una comisura en forma de ‘v’ en el centro del labio superior. El cuello delicadamente alargado y delgado. El pecho, extrañamente abultado, redondeado en la forma, y coronado por unos pezones rosados y ligeramente salientes.
Siguiendo la silueta hacia abajo, la cintura se estrechaba, y en seguida volvía a ensancharse a la altura de las caderas, formando unas curvas perfectamente simétricas a ambos lados. Allí donde muslos y cadera se une, y en lugar del pene, una pequeña hendidura rodeada de bello de color claro.
Mario sintió haber estado admirando esa figura durante horas en su sueño, a la vez que seguía oyendo la voz del Horáculo repetir ese nombre..Helena…Helena…
Tras un momento de angustia causado por el repentino despertar, Mario se levantó y fue a mirar si el bebé se encontraba bien. Éste dormía plácidamente en su moisés, con esa ligera mueca de sonrisa en su carita. Mario pronunció aquel nombre mientras lo miraba, Helena… Colocó un beso en las yemas de sus dedos y lo posó sobre la mejilla de Helena.
Esa misma mañana, las carcajadas de Helena despertaron a Mario pocos minutos antes de que sonara su despertador. Se dirigió al salón, donde se encontró a Helena tumbada en el sofá observando a Carlos como realizaba sus ejercicios.
Mario le interrumpió.
-¡Helena, se llamará Helena!
-Helena? qué clase de nombre es ese?
-No lo sé exactamente, pero me gusta, y creo que al bebé también le va a gustar.
Tras desayunar y dar el biberón a Helena, Mario la sienta en la mochilita que venía dentro del pack de regalos de la tarde anterior, y con ella colgada, se dirige hacia el ayuntamiento para inscribirla en el registro del poblado.
Ivan, el alcalde, queda encantado con la belleza del nombre, y después de cubrir al bebé de besos, garantiza a Mario el buen funcionamiento del taller de carpintería en su ausencia.
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