Tras un momento de angustia causado por el repentino despertar, Mario se levantó y fue a mirar si el bebé se encontraba bien. Éste dormía plácidamente en su moisés, con esa ligera mueca de sonrisa en su carita. Mario pronunció aquel nombre mientras lo miraba, Helena… Colocó un beso en las yemas de sus dedos y lo posó sobre la mejilla de Helena.
Esa misma mañana, las carcajadas de Helena despertaron a Mario pocos minutos antes de que sonara su despertador. Se dirigió al salón, donde se encontró a Helena tumbada en el sofá observando a Carlos como realizaba sus ejercicios.
Mario le interrumpió.
-¡Helena, se llamará Helena!
-Helena? qué clase de nombre es ese?
-No lo sé exactamente, pero me gusta, y creo que al bebé también le va a gustar.
Tras desayunar y dar el biberón a Helena, Mario la sienta en la mochilita que venía dentro del pack de regalos de la tarde anterior, y con ella colgada, se dirige hacia el ayuntamiento para inscribirla en el registro del poblado.
Ivan, el alcalde, queda encantado con la belleza del nombre, y después de cubrir al bebé de besos, garantiza a Mario el buen funcionamiento del taller de carpintería en su ausencia.
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