Puede que si comparamos la complejidad que encierra rellenar un voto y colocarlo en la correspondiente urna, con gobernar un país durante 4 años, obtengamos la primera respuesta a por qué no puede gobernar el pueblo.
Cierto es que uno de los pilares fundamentales de la democracia es que las cosas se deciden en función de lo que la mayoría decide, así pues, el partido político que la mayoría de los votantes (que no la mayoría de los españoles) elige para que gobierne durante una legislatura, es el encargado de velar por nuestros intereses y nuestra calidad de vida.
El inconveniente es que la democracia acaba justo ahí, las decisiones que toma ese partido a la hora de legislar, ya no son las nuestras (las de la mayoría) sino las suyas propias. Unas decisiones que toman pocos pero que afectan a millones de personas.
EL poder político subyugado al poder económico, y el pueblo subyugado al poder político.
Estamos condenados sin haber tenido un juicio justo, pero como estamos en democracia, la mayoría decidirá ‘quién’ nos propinará los azotes que marque la sentencia.
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