Si al entrar hoy al metro, una señorita de uniforme bicolor y gorrito me hubiese preguntado si viajaba por placer o por negocios, podría haber respondido orgullosamente que viajo por placer.
Es el segundo día de mi fin de semana entre semana, y la bada sonora podría ser pefectamente ésta:
Efectivamente, esta noche voy al cine, y creo que debo ser uno de los pocos afortunados que disfrutan del día del espectador en pleno fin de semana. La entrada solo me costará 5€, un auténtico lujo con los tiempos que corren. Pese a todo, no voy a ahorrar ni un sólo céntimo, ya que, en mi humilde opinión, gastar nunca puede ser sinónimo de ahorro. Además como diría mi querido padre, gastarme 5€ en la entrada del cine ‘no es necesario’. Y desde luego tiene toda la razón.
Ciertamente, cuando él tenía la edad que tengo yo ahora, ya estaba sacando una familia adelante, mientras yo todavía parezco la bola de acero dentro de la máquina del millón intentando hacer lo propio con mi vida.
P.D: he vuelto caminando desde huertas hasta mi casa, y me sigo sintiendo como un turista por madrid…